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La ‘purga’ que prepara Donald Trump

La ‘purga’ que prepara Donald Trump

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La desconfianza de Donald Trump hacia la comunidad de inteligencia de su país no es ninguna novedad. Al desprecio del nuevo presidente por el trabajo de los espías se le suman las revelaciones, primero, de que Rusia había tratado de influir en las elecciones estadounidenses a favor de Trump y en contra de Hillary Clinton, y ahora, de los contactos entre miembros de su entorno y representantes rusos. El más notorio de ellos, el ex general y fallido asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, ha sido el primero en caer, pero todo apunta a que podría haber más nombres comprometidos.

La reacción de Trump ha sido la esperada: ha calificado dichas revelaciones de “teorías de la conspiración”, y ha protestado por el hecho de que los servicios de inteligencia esté filtrando a la prensa información que le perjudica. Ese, afirmó ayer, es “el verdadero escándalo”. Pero todo apunta a que el nuevo inquilino de la Casa Blanca podría ir un paso más allá, y, tal y como temían muchos profesionales de la inteligencia, está preparando represalias.

Según publica el diario “The New York Times”, Trump prepara una “revisión amplia” de los servicios de inteligencia del país, al frente de la cual estaría Stephen A. Feinberg, cofundador del fondo Cerberus Capital Management y miembro del consejo asesor en economía de la Administración presidencial. Aunque no ha habido aún un anuncio oficial del nombramiento por parte de la Casa Blanca, Feinberg ha avisado a los accionistas de su empresa sobre esta posibilidad, asegurando que se encuentra en conversación al respecto con el equipo de Trump.

Feinberg, desde luego, tiene los mejores padrinos posibles: según el “New York Times”, tiene estrechos lazos con Stephen Bannon (el jefe de estrategia de Trump y, según muchos observadores, ahora mismo el segundo hombre más poderoso de la Administración) y con Jared Kushner, el yerno del presidente y una de las figuras con mayor influencia sobre él.

Todavía se desconoce en qué consistiría dicha “revisión de los servicios de inteligencia”, pero nadie duda de que implicará un mayor control de éstos por parte de la Casa Blanca. Muchos temen que Trump trate de vengarse de aquellos oficiales responsables de la difusión de información sobre su relación con Rusia y el modo en que ésta ha tratado de aprovechar el impulso del heterodoxo candidato republicano, hoy presidente. Probablemente también se produzca una reorganización del organigrama y las funciones que cumplen estas instituciones.

Hay un precedente: tras el 11-S, la Administración Bush determinó que las agencias de inteligencia del país eran ineficientes y, sobre todo, no les proporcionaban la información que necesitaban para sus propósitos preestablecidos, entre los que se contaba la invasión de Irak. Al tiempo que reorganizaba el ejército para potenciar la recogida de inteligencia por parte de los miembros de las fuerzas especiales, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld autorizó la creación de la llamada Oficina de Planes Especiales, un organismo dependiente del Pentágono pero dirigido por un profesor universitario civil, dedicado a transmitir “información en bruto” sobre Irak a la Administración.

El motivo: la CIA no estaba proporcionando al equipo de Bush lo que éste buscaba, es decir, la existencia de vínculos entre Saddam Hussein y Al Qaeda. En lugar de aceptar la realidad -que, como decía Langley, dichos vínculos no existían-, altos cargos ‘neocon’ como Dick Cheney, Paul Wolfowitz o el propio Rumsfeld, concluyeron que se les estaba ocultando información por razones políticas. Por eso, se dedicaron a filtrar la información de forma que produjese conclusiones conforme a sus intereses.

Los desastrosos resultados de dicha práctica son de sobra conocidos. Por eso, se han generalizado los temores a que algo similar pueda suceder con un presidente conocido por su desapego a los hechos que contradicen sus deseos.

Y sin embargo, Trump tiene buenas razones para acusar a sus espías de deslealtad. Según ha revelado hoy el diario “The Wall Street Journal”, algunos oficiales de inteligencia están ocultándole información sensible por temor a que pueda acabar siendo filtrada o revelada de forma accidental. Así se lo han confirmado miembros de dichas agencias retirados o en activo al rotativo estadounidense. Según éstos, se han tomado decisiones sobre la marcha de no compartir con el presidente información sobre fuentes o métodos de espionaje sobre gobiernos extranjeros.

Y aunque anteriormente se han adoptado prácticas similares con otros presidentes y miembros del Congreso, es la primera vez que se hace debido a la preocupación sobre la discreción o la fiabilidad del ocupante del Despacho Oval. No obstante, ninguna de las fuentes del artículo tenía constancia de que se hubiese omitido información crucial sobre amenazas de seguridad. Tampoco parece que Trump tenga el menor interés en cuestiones de inteligencia, como él mismo ha declarado repetidamente.

Sin embargo, una cosa es el desdén por el trabajo de uno y otra el desafío. La guerra entre Trump y sus propios espías no ha hecho más que empezar.

 

FUENTE:  El Confidencial